5 de septiembre de 2015

¡SÍ, SE PUEDE!

Ada Colau y otros siete alcaldes nos intentaron contar ayer desde el centro de deportes de la Estación del Norte que vamos por buen camino, que perseveremos, que el pueblo tiene el poder.  No sobraron manos en el aire danzando a modo de aplauso (no le encuentro el sentido a ese movimiento lánguido en este momento, cuando las plazas en las que se pedía cierto control y silencio han dado paso a polideportivos y similares; ahora es cuando toca hacer ruido).
El caso es que veo a mi alrededor cierto desencanto con este nuevo enfoque político, quizá debido a que la impaciencia es más fuerte que lento progresar de la verdadera fuerza? Mal inicio, pero nada extraño, para una sociedad que presume de utilizar la ley del mínimo esfuerzo y se sube por las paredes cuando no retransmiten su partido (de fútbol). 

A la entrada nos señalaban con el dedo llameante decenas de velas encendidas, recordándonos lo fácil que es vivir al límite, incluso viniendo del primer mundo, para que los que tenemos tan mala memoria no osemos mirar a otro lado aún pudiendo hacerlo.  Una mano, pequeña, pero que ahí está, para los refugiados (¿demasiado tarde).

Si algo de de criticar, y no voy a ser constructiva en ese sentido, son los cuchicheos, voces y comentarios en voz alta de muchos maleducados que no entienden que en estos actos se va a escuchar, y si no te gusta, coges y te vas a la calle, o al café, a comentar la peli del día o la chorrada que sea que le estás contando a tus colegas durante todo el acto.
Soy una inocente, que aún cree que este pais se convertirá a la civilización en algún momento y la educación entrará por sus poros como por arte de magia.
(M.A.G.)

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